Gabriela
Salido
La Ciudad de México suele presumir
sus cifras de empleo, su actividad económica y su posición como
uno de los principales motores del país.
Pero detrás de esos grandes indicadores hay una realidad que
no podemos ignorar: tener trabajo no necesariamente significa tener un empleo
formal, estable y suficiente para vivir dignamente.
Los datos más recientes del INEGI, correspondientes
al segundo trimestre de 2026, muestran que en la capital había 4 millones
873 mil 434 personas ocupadas. Sin embargo, 45.3% se encontraba en la
informalidad laboral.
En la CDMX, este indicador ya
alcanzaba 34% durante el primer trimestre de 2026.
Esto nos obliga a cambiar la conversación. No basta con decir
cuántos empleos existen.
Hay que preguntarnos qué tipo de empleos estamos generando.
Porque un trabajador que labora jornadas interminables, un comerciante que
permanece en la informalidad porque formalizarse es demasiado complicado o
un emprendedor que enfrenta meses de trámites y permisos tampoco está
encontrando una verdadera ruta de progreso.
Y aquí existe una responsabilidad directa de los gobiernos.
La formalidad no puede convertirse en un castigo para quien quiere trabajar. Si
abrir un negocio, obtener un permiso, cumplir con una obligación o regularizar
una actividad implica enfrentar trámites interminables, costos y burocracia, lo
que estamos haciendo es empujar a más personas hacia la informalidad.
a solución tampoco es
perseguir al pequeño comerciante o criminalizar al trabajador independiente.
Al contrario: necesitamos construir una ruta sencilla para que pueda formalizarse, crecer y tener
acceso a los beneficios que ofrece la economía formal.
Menos trámites, procesos
digitales, reglas claras, incentivos y acompañamiento, especialmente para
pequeños negocios y emprendedores.
Porque detrás de cada porcentaje hay una persona. Hay
una familia que depende de ese ingreso. Hay alguien que trabaja ocho, diez
o doce horas al día y aun así no tiene seguridad social ni certeza
sobre su futuro.
La Ciudad de México no puede conformarse con ser una ciudad
donde la gente encuentra cualquier manera de sobrevivir. Tiene que ser una
ciudad donde trabajar permita progresar.
Y si casi la mitad de los trabajadores está en la
informalidad y la desocupación alcanza 4.2%, entonces el gobierno
tiene que dejar de presumir solamente cuántos empleos existen y empezar a
explicar qué está haciendo para que esos empleos sean formales,
productivos y mejor pagados.
Porque una economía fuerte no se mide solamente por cuánto
produce una ciudad. También se mide por qué tan bien viven quienes todos los
días la hacen funcionar.
Opinión
por Gaby Salido / La CDMX trabaja, pero no necesariamente progresa - La Prensa



